El ejercicio físico se va abriendo camino cada vez más amplio como una estrategia no farmacológica sumamente efectiva y segura en una infinidad de enfermedades y alteraciones de salud y los trastornos emocionales tales como la depresión y ansiedad no son la excepción.
Antes que nada, debemos aclarar que en este contexto la depresión y/o ansiedad la debemos considerar como un trastorno clínico, es decir, no se debe confundir con tristeza o estrés. Ya que los cambios en el estado de ánimo y/o emocional se debe a cambios bioquímicos del cerebro y no por algún acontecimiento en concreto que lo desencadene.
Una vez entendido lo anterior cuando se padece algún trastorno de este tipo es muy común que el especialista (psicólogo o psiquiatra) recomiende la práctica de ejercicio físico ya que este se ha mostrado como un medio efectivo para ayudar a regular la bioquímica cerebral, sin embargo, no se trata solo de hacer ejercicio por hacer, deberemos tener ciertas precauciones y aspectos a considerar antes, durante y después del ejercicio:
1. Ambiente social
La persona que realiza ejercicio como auxiliar en su tratamiento debe realizarlo en un ambiente que no le genere estrés ya que de lo contrario podría exacerbar el problema e incluso desencadenar un ataque de pánico. Por lo que en la mayoría de los casos no es recomendable realizarlo en un Gimnasio convencional.
2. Personalidad de cada quien
Aún dentro del mismo grupo de personas con problemas emocionales, la personalidad de cada uno hará una gran diferencia tanto en la prescripción del ejercicio como en el ambiente que se debe generar dentro del gimnasio o centro de entrenamiento. Habrá a quienes les guste una intensidad un poco más elevada, quien quiera música de acompañamiento, estar en un lugar concurrido o con poca gente.
3. Situación emocional actual de la persona
Independientemente de la severidad del trastorno o la medicación tomada existen días en los que no se tienen ganas de nada, así como días en los que se sientan super motivados para realizar ejercicio. Las sesiones de ejercicio deberán adaptarse a este estado y disminuir o aumentar la intensidad de acuerdo a este parámetro.
Asimismo, no se deberá forzar la practica de ejercicio si la persona está muy mal emocionalmente, no pasa nada por un par de días sin entrenar. O en algunos casos dejar de lado el entrenamiento y enfocarse a ejercicios orientados a diversión y/o relajación.
4. Seguridad
En estos casos siempre se recomienda que haya un contacto constante con psicólogo/psiquiatra para que evalúen y determinen cual es el ambiente o aspectos psicoemocionales que considerar o si es necesario suspender temporalmente el ejercicio (cuando hay una decaída, cambios en la medicación, etc).
Además, debemos considerar que debido a la medicación que se utiliza en algunos casos y los propios cambios fisiológicos derivados de los cambios de emociones se considera que se tiene riesgo cardiovascular adicional.
DEBEMOS ACLARAR QUE EL EJERCICIO SOLO SIRVE COMO AUXILIAR Y NO DEBE SUSTITUIR LA TOMA DE MEDICAMENTOS O TRATAMIENTO PSICOLÓGICO/PSIQUIÁTRICO.

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